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Art gallery, Valencia (Spain)


“Mis retratos son una reacción al efecto gran hermano”

Empezó con una pequeña cámara Nikon cuando tenía 16 años, inspirándose en estereotipos de revistas tan amateurs como él. Con 19, fue aceptado en la clase de Bernd Becher en la Academia de Bellas Artes de Dusseldorf, la que revolucionó la fotografía en los 70. En 1988, exponía en importantes eventos como el Aperto de Venecia. A su bienal fue 7 años después representando a Alemania, tras pasar por Documenta IX entre muchas otras citas. Del 2000 al 2006 fue profesor en la misma academia en la que estudió, tomando el relevo de Jeff Wall, sucesor, a su vez, de Bernd Becher. Mucho antes de que Thomas Ruff (Zell, Alemania, 1958) se convirtiera en fotógrafo famoso, sabían los Becher que tenían en él a su mayor detractor pero también, a su más fiel alumno. No en vano le nombraron “estudiante mayor”.

Pronto demostró que su idea de lo fotográfico se desmarcaba de la de sus compañeros, Tomas Struth, Axel Hütte o Andreas Gursky. Fue el único de la clase que trabajó con colores y que empezó a hacer retoques digitales cuando los laboratorios no hacían ese tipo de trabajo. Ruff siempre ha ido a contrapelo. Nunca le interesaron las reglas ni todo aquello sujeto a un guión. Más bien lo contrario. Confiesa que se siente feliz cada vez que se encuentra por el camino con algo paradójico y ambiguo, contradictorio y confuso. Su habilidad por mantener la tensión entre lo que dice y lo que calla, entre lo que muestra y lo que oculta, define su carácter sobrio, preciso y rígido. Sello distintivo también de sus fotografías. “Mi interés está en el mirar espontáneo y curioso, en lo disparatadas que suelen ser siempre las experiencias sencillas y cotidianas”, explica. “Vivo el día a día. Hay cosas que me hacen reír, otras me enfada. Muchas otras se atascan en mi mente. Es entonces cuando empiezo una investigación que, a veces, acaba convirtiéndose en series”.

Un repaso por sus principales series da cuenta de un completo decálogo de intereses. También, de lo emocional que es esa tensión. Interiors (1979-1983), sus primeras fotografías, son los espacios privados donde creció: habitaciones de sus padres, tíos y abuelos. Stars (1989-1992) desvela su pasión por el espacio y la astronomía desde que a los 14 se compró un pequeño telescopio. Houses (1987-1991), las fachadas traseras de las viviendas con las que se cruzaba en su ir y venir diario, revelan lo emocionante de la banalidad. En Zeitungsfoto (1990-1991), Ruff recuerda con fotografías de prensa que la ficción es una realidad sin la cual no existirían las grandes empresas de información. En Substrat (desde 2001) reflexiona sobre el mundo de las imágenes de internet y en Nudes (desde 1999) parte de la pornografía en la red para hablar de voyeurismo y privacidad. De cómo miramos.

Neones y telerrealidad
Sus muchas y diversas series de Portraits, siempre de gente cercana al artista, tienen mucho que ver con esa realidad en estado de vigilancia. De ahí nace su interés por el retrato: “Como muchos de mi generación, había leído 1984, de George Orwell, y estaba muy expectante por saber si las visiones del escritor se harían realidad en 1984 en Alemania. Algunas de sus ideas ficticias se habían convertido en nuestra realidad cotidiana. Sabíamos que vivíamos en una sociedad industrializada con luces de neón y cámaras de vigilancia por todas partes. Recuerdo que utilizábamos la cámara de fotos de manera muy consciente, sabiendo que estábamos mirando. De algún modo, mis retratos son una reacción a eso: una revisión a ese efecto gran hermano.

Pronto avisa que él no juega a ser ese ojo que todo lo ve. “Creo que las posibilidades de un retrato fotográfico son muy limitadas. Una fotografía sólo puede capturar la superficie de las cosas. Los retratos son imágenes mediatizadas, sobre todo los fotográficos pero, al mismo tiempo, son personas reales. En ellos, nadie es mejor que nadie y todos somos únicos. En mis trabajos sólo puedes ver caras pero si queremos ver más allá del rostro, podemos hacerlo con nuestro cerebro, nuestra experiencia, nuestra conciencia…Entonces podemos ver lo que hay bajo la piel de las personas.

-Sus primeros retratos son de 1981, cuando era estudiante en la Academia de Bellas Artes de Dusseldorf, la famosa escuela Becher, y “director de arte” de un grupo de punk…
-Estudiar en Dusseldorf a finales de los 70 era algo grande. Había muchos profesores interesantes. Amigos míos estudiaron con Gerard Richter, Günter Uecker, Dieter Krieg… También estaba el auge de la música punk en Alemania, y Dusseldorf fue su epicentro. Por aquel entonces, hacía fotos del grupo EKG quienes siempre me compensaban posando para mis retratos. Estuve trabajando con diferentes formatos y posicionamientos de la luz hasta que me decidí por el retrato de medio cuerpo y la luz frontal.

-La Academia de Dusseldorf quedará en la historia como la que revolucionó la fotografía en el arte. ¿Es así, o se exagera?
-Los artistas que hemos pasado por esa escuela desarrollamos un estilo consecuente y objetivo. Para mi generación, que crecimos con las revistas y la televisión, la fotografía fue un formato al que accedimos de modo natural. A través de ese formato pudimos ‘competir’ con los ‘grandes medios’.

-Eso explica el repentino éxito de la fotografía en el mercado del arte en los 80. Tal vez esté ahí la gran revolución, ¿no?
-Con el gran formato la fotografía pudo competir con la pintura. En aquel momento, la fotografía se hizo un hueco en el arte por méritos propios.

-Y, ¿qué es lo que le interesa de la fotografía?
-Lo que me interesa es ir más allá de la imagen, encontrar su gramática, su estructura. Ver cómo funciona una fotografía, conocer su historia, su técnica y saber cómo manipula nuestra conciencia hoy en día.

Ya sea con fotos de estrellas, casas, desnudos, ciudades o retratos, Ruff no deja de darle vueltas a cómo funciona nuestra percepción, a cómo retratar nuestras fantasías. Siempre de modo experimental y preciso, seco y estricto. Los alumnos de ahora, dice, son muy diferentes a los de antes: “Cuando nosotros empezamos, nunca esperábamos ganarnos la vida con lo que hacíamos. Ahora están esperando tener una sala de exposiciones en su primer año”. ¿Y qué les dice? “Que un artista debe ser honesto por encima de todo”.