Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola

English

Art gallery, Valencia (Spain)


Museos de lujo

Siguiendo a otros «popes» de la moda, Miuccia Prada ha aprovechado la Bienal de Venecia para exponer su colección de arte contemporáneo y confirmar que de la «haute couture» a la alta cultura solo hay un paso

Imaginen que la gente guapa de la Fashion Week de Milán se cuela en la gran fiesta del arte mundial. Y que, además, lo hace por la puerta grande y con la complicidad de los anfitriones. Pues eso mismo es lo que hizo la diseñadora Miuccia Prada y su esposo —copresidentes del emporio Prada— en la 54 edición de la Bienal de Venecia, que comenzó el martes en «la ciudad de los canales». Miuccia y Patrizio Bertelli han aprovechado el evento que reúne a los coleccionistas y artistas más vanguardista de la escena internacional para abrir las puertas del histórico palaz
zo Ca’ Corner della Regina, el antiguo hogar de personalidades como la Reina de Chipre y el Papa Pío VII, y desvelar allí su envidiable colección de arte contemporáneo.
Por unas horas, esta villa barroca con vistas al Gran Canal cobijó entre sus muros dorados al público más glamouroso y variopinto jamás visto. Allí estaban las caras de siempre del mundillo de la moda —la editora del «Vogue» italiano Francesa Sozzani, la heredera de la Fiat Ginevra Elkann-Agnelli o la diseñadora Angela Missoni— compartiendo tertulia y champán con Marina Abramovic, Anish Kapoor, Jean Pigozzi y otros «campeones» de la alta cultura. Todos juntos y revueltos, celebrando que la colección de la Fundación Prada —700 piezas firmadas por artistas de la talla de Damien Hirst, Walter De Maria, Piero Manzoni o Jeff Koons— ha llegado a Venecia.
Una guerra «a la francesa»
La apertura del palazzo Corner della Regina, que albergará las obras del matrimonio Prada-Bertelli hasta que inauguren en 2013 el campus artístico que han soñado en el centro de Milán con la ayuda del famoso arquitecto holandés Rem Koolhaas, ha sido tema ineludible de conversación en estos días. Y eso seguramente haya perturbado al vecino más ilustre de la antigua Serenísima República,
monsieur François Pinault. El dueño de Pinault-Printemps-Redoute (PPR), el conglomerado del lujo que cuenta con firmas como Gucci, Yves Saint Laurent y Balenciaga, desembarcó en Venecia en 2005 tras una larga batalla contra la opinión pública francesa. Como el segundo hombre más rico de ese país, Pinault quería colgar sus «mirós», «pollocks» y «modiglianis» en un museo con su nombre en una antigua fábrica de Renault emplazada en una isla del Sena, en pleno centro de París.