Entrevistando a los artistas - Roberto Pugliese y Pedro Medina

Roberto Pugliese

Entrevistamos a Roberto Pugliese Licenciado en Música Electrónica en2008, bajo la guía de Agostino di Scipio, desde 2009 ha enseñado en conservatorios y academias de bellas artes en Nápoles, Frosinone, Bari y Milán. Actualmente es profesor de Multimedia en el Conservatorio de Nápoles, labor que compagina con su carrera musical y como artista electroacústico.

Roberto, tu formación es en música electrónica, ¿en qué momento tu música se va extendiendo hacia lo visual, trabajando el sonido y lo instalativo?

Siempre he tenido una gran curiosidad por todas las expresiones artísticas, aunque mi primer amor fue la música. Durante mis estudios en Música Electrónica en el Conservatorio de Nápoles, mi maestro, Agostino Di Scipio, abrió mis horizontes creativos hacia el mundo de las instalaciones. Al mismo tiempo, dado que yo era activo en el campo de la política estudiantil y que en Italia los conservatorios y las academias de bellas artes pertenecen al mismo sector, a menudo tenía encuentros con estudiantes de la academia de bellas artes.

En esa ocasión nacieron las primeras colaboraciones con artistas visuales en las que me ocupé de la parte sonora. Atraído por el mundo interdisciplinar, desarrollé más tarde una poética autónoma entre el sonido y el arte visual.

 

Se puede decir que eres un investigador del arte sonoro y lo visual. Háblanos de este trabajo de investigación.

Mi investigación se nutre principalmente de dos corrientes artísticas, la del arte sonoro y la del arte cinético y programado. Mediante el uso de equipos mecánicos dirigidos por software que interactúan entre sí, con el entorno que los rodea y con el usuario, pretendo examinar nuevos puntos de investigación: fenómenos relacionados con el sonido, el análisis de los procesos que la psiquis humana usa para diferenciar las estructuras de origen natural de las artificiales (tanto acústicas como visuales), la relación entre el ser humano y la tecnología, y también la que se establece entre el arte y la tecnología, dando un papel en absoluto despreciable al aspecto visual. El sonido se convierte así tanto en objeto de investigación como en medio de expresión acústica y visual, energía vital que anima lo inanimado, convirtiéndose en una guía para analizar y estimular la psique y la percepción humanas. La idea de crear una relación activa entre la obra y el espectador me empuja a crear dimensiones en las que el sonido se mueve, creando diferentes perspectivas sonoras para el oyente. El arte surge de una realidad bidimensional para dar vida a escenarios sonoros y/o visuales reales. De esta manera, el usuario se sumerge totalmente en mundos perceptivos que lo acompañan en la experiencia sensorial.

 

Roberto Pugliese

Roberto Pugliese en el montaje de la exposición

 

Haces colaboraciones con artistas de distintas disciplinas: expertos en electroacústica y música electrónica, artistas visuales, arquitectos… ¿Cómo es ese trabajo?

Sin duda, es un trabajo en el que uno no se aburre… Estoy acostumbrado a trabajar en grupo, también porque en el pasado he colaborado con varias realidades como la startup 3dive, con la que he creado patentes en el ámbito de la innovación tecnológica. También he colaborado como experto externo de la Universidad de Génova para un proyecto sobre un nuevo prototipo de cuero artificial. En definitiva, me fascina el área de investigación desde todos sus ángulos posibles.

En lo que respecta al arte, a menudo trabajo solo, imprimo algunas partes de mis obras en 3D con mis impresoras y programo de forma independiente el software que uso para mis obras. No obstante, dependiendo del proyecto, hago uso de habilidades diversificadas. El único objetivo es poder dar vida y forma a mis ideas artísticas.

 

Háblanos de la importancia de crear experiencias inmersivas. Lo vemos en piezas como Concerto per natura morta.

Las experiencias inmersivas, tanto visuales como sonoras, trasladan al usuario en un campo sensorial muy profundo en el que el objetivo es provocar un desapego, aunque sea por un tiempo mínimo, de la “realidad” cotidiana. De esta forma, la mente puede proyectarse hacia sensaciones y pensamientos inéditos, o crear cortocircuitos inesperados.

 

Tu trabajo no es solo una reflexión y una investigación sobre la música, sino que también crea un discurso que reflexiona sobre ciertos temas sociales. Cuéntanos en qué sentido.

Entre los diferentes temas que traté en mi investigación artística, el de la relación entre el ser humano y la naturaleza, mediada por la tecnología, es uno de los que me interesan especialmente. A través de mis obras trato de "contar" una forma posible en la que la tecnología está al servicio, tanto del ser humano como del medio que lo rodea. Intento crear nuevas conexiones en las que propongo usos alternativos de la tecnología como extensión y reflexión humana no destructiva.

 

¿Cuál es la relación entre lo tradicional y lo moderno en tus obras?

La historia es importante, nuestra sociedad no podría existir sin la conciencia de su pasado.

Creo que el arte debe crear una conexión entre nuestro pasado y nuestro futuro a través de obras y conceptos visionarios. Por lo tanto, debe ser –como ha ocurrido a menudo– un vector de innovación, tecnológica, moral y social.

 

¿Qué importancia tiene la traducción de Big Data en tiempo real?

La traducción de Big Data nos ayuda a volver "sensibles" y perceptibles datos que, si se leen, no conllevan un mensaje "empático". Por ejemplo, si leemos que se talan 40.000 árboles al día, para nosotros sigue siendo una cifra, pero si, como es el caso de mi obra Critici ostinati ritmici, esta cifra se traduce en una serie de golpes perceptibles visual y sonoramente, en tiempo real, en un tronco, entonces la percepción de ese número cambia, se vuelve más "concreta" y asimilable.

Otro ejemplo es Acoustic Tides, que se exhibe aquí en Valencia, en la que traduzco sonoramente en tiempo real el nivel de las mareas de 5 estaciones españolas para poner en evidencia, de una forma más emotiva, un fenómeno debido al calentamiento global. También en este caso trato de usar la tecnología como una "extensión emocional" de mi modus operandi.

 

Pedro Medina es el comisario de la exposición. Podemos encontrar su crítica en el catálogo de la exposición, disponible en nuestra web.

 

 

¿De dónde viene el nombre “Intemperies musicales”?

El título parte del doble origen de la palabra “tiempo”. Por un lado, el tiempo meteorológico al que estamos expuestos y, por otro, al tiempo cronológico, a la medida y duración de las cosas, por tanto, también a la música.

Con este juego de palabras logramos reunir dos de las vías de investigación y experimentación de Roberto Pugliese: una serie de obras que reflexionan y “traducen” el medio ambiente sonora y visualmente, junto con otras que piensan internamente el mundo de la música del que procede.

 

¿Cuál es el hilo conductor entre los tres espacios?

Las dos grandes instalaciones de Vicente Beltrán Grimal y Cabillers dan pie precisamente a estos dos caminos de expresión y, sobre todo, de inmersión para provocar hondas emociones en el espectador.

En el primero encontramos Concerto per natura morta, una impactante instalación compuesta por troncos de castaños, que murieron por causas naturales, suspendidos en el aire a distintas alturas y en posición horizontal. Desde ellos emana un poderoso sonido que procede de los lugares de origen de los árboles y que ha sido tratado digitalmente con el fin de situar al espectador literalmente dentro de una “naturaleza muerta”. Igual que ocurre en otras de sus obras, como Liquide emergenze future, esta obra es reconocida como cercana a una “ética de la naturaleza”, al tratar temas como la deforestación o el alzamiento del nivel del mar.

En el segundo hallamos La finta semplice, K51, que remite a la composición de Mozart. Pretende ofrecer una clave de escucha diferente, por medio de una orquesta de instrumentos de cuerda que reproduce virtualmente la composición realizada por Pugliese, con el objetivo de replantear la forma “concierto” a través de la experimentación tímbrica y la puesta en escena. En este caso, se reproduce en el escaparate de Cabillers como muestra externa de la Intemperies musicales para aquellos que pasen por la calle, si bien contará con conciertos privados en su interior a lo largo del tiempo en el que la exposición estará vigente, para apreciar la fuerza de esta composición.

Las dos corrientes confluyen en la galería situada en Pascual y Genís, como síntesis de su carrera, contando con más instrumentos “aumentados”, formas diferentes de anotar música, también con una variante de Concerto per natura morta y, muy especialmente, con Acoustic Tides, instalación que traduce en tiempo real las mareas de cinco ciudades españolas, convirtiendo datos online en un particular canto de sirenas.

 

¿Cómo convive la música con el arte?

No entendería las dos cosas como algo separado, sobre todo en la obra de Roberto, sino dentro de lo que denominamos “arte sonoro”, aunque sea una corriente difícil de demarcar y a la que la gente no está acostumbrada.

Desde esta perspectiva, es larga la relación entre arte sonoro y arte visual, como bien demostraron exposiciones como Sons & Lumières en el Pompidou, una de las más completas revisiones de la historia del sonido en las artes visuales a lo largo del siglo XX. En todos estos casos, aparece como un fecundo período de convergencia y diálogo que ofrece otras percepciones –por tanto, enfoques, aproximaciones– a argumentos como pueden ser los medioambientales, incidiendo más en aspectos emocionales que puramente narrativos.

Una parte especial de estas “correspondencias” entre lo sonoro y lo visual es la especulación propiamente musical, entendida por Roberto dentro de lo que denomina “música para ver”. De hecho, en las obras que presentamos el público podrá apreciar en su obra un extraordinario ejemplo de síntesis entre posiciones que a veces son entendidas dicotómicamente. Además, plantea nuevas formas de expresión gracias al uso de medios digitales, como respuesta contemporánea a desafíos artísticos convencionales, no pensando la tecnología únicamente como un instrumento, sino que –igual que ocurre en Schafer, siguiendo a su cercano McLuhan, y en otros autores paradigmáticos como Benjamin– aparece aquí como medio portador de conocimiento y como reflexión necesaria para ser contemporáneo.

 

¿Qué importancia tiene la experimentación en este campo?

La experimentación es fundamental si queremos encontrar nuevos lenguajes que logren hablar de las nuevas experiencias que están surgiendo en nuestro mundo. De hecho, más que idealizar la figura del artista, como ocurría en el Romanticismo, convendría considerar la obra como “proyecto”, que imagina racionalmente unos resultados y está abierta a la colaboración y el cambio. Así lo demostró Claire Bishop, quien ya constató la creciente importancia del concepto “proyecto” en artes visuales –ligado también al comisariado y la exposición como procesos de investigación– a partir de 1989, como demuestran la Documenta de Kassel o el Proyecto Escultórico de Münster. Un ejemplo expreso de ello es la obra de Antoni Muntadas, quien ha teorizado sobre la necesidad de estructurar metodológicamente el proceso artístico para llegar a resultados plausibles, insistiendo en el carácter procesual y contextual de la obra, que no queda reducida a condición objetual.

Roberto es un ejemplo excepcional de ello, también porque asume con naturalidad distintas tradiciones para hacerlas suyas, como son el arte sonoro, el arte cinético y el arte programado. En definitiva, el experimentalismo que hallamos en sus obras permite valorar la amplificación de la percepción de lo sonoro, convirtiéndolo en un acontecimiento no exento de poesía y reivindicación social, con una gran eficacia gracias a su carácter envolvente, que provoca insólitas reacciones en el espectador.

 

¿Qué es la escucha expandida?

“Escucha expandida” es un término que han usado algunos artistas, como el argentino Jorge Haro, que coincide con Roberto en prestar una especial atención a las posibilidades que introducen los medios digitales para plantear otros retos de la percepción, desde los entornos de programación e interacción con objetos a sistemas generativos, en especial dentro del ámbito del arte sonoro para materializar el sonido visualmente.

Para Roberto, que podríamos definir como un artista electroacústico, también se vuelve pertinente la reflexión sobre lo sonoro y las limitaciones de otros medios para reflejarlo y la ya citada “música para ver”. Dentro de estas preocupaciones, destacan sus instrumentos “aumentados”, que surgieron a partir de su colaboración con Paolo Fresu y que ahora disfrutamos en la exposición en forma de composiciones que son fruto del sonido de violines y mandolinas, ahora analizados y procesados por medio de algoritmos genéticos para lograr una composición electroacústica. La nueva pieza musical es reproducida por instrumentos con prótesis impresas digitalmente, con el objetivo de generar un conjunto donde esté presente siempre un contraste entre tradición y modernidad.

Su obra se podría resumir entonces como el elocuente resultado de enfrentarse a desafíos tradicionales con medios y actitud contemporáneos, donde la convivencia de opuestos no se entiende como conflicto, sino como fértil campo de posibilidades.

 

Pedro Medina y Roberto Puglilese
Pedro Medina (izquierda) y Roberto Pugliese (derecha)

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